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Chapter 15 - Capitulo 15: Sin Retornó

*DANIEL*

La conversación había alcanzado su punto más alto de tensión. Todos estaban cansados de la discusión, pero ninguno parecía dispuesto a ceder. Miré a las chicas, sentí sus miradas fijas sobre mí, esperando alguna señal, alguna respuesta definitiva, pero nada salía de mi boca. Estaba atrapado en un torbellino de emociones, queriendo ser honesto pero temiendo las consecuencias.

Fue Sofía la que rompió el silencio, como siempre, con su imprudencia y su actitud juguetona.

"¿Saben qué?", dijo con una sonrisa algo traviesa, pero sus ojos reflejaban una intensidad que nadie esperaba. "Tal vez la única manera de realmente resolver esto... es dejar de intentar mantener todo bajo control. ¿Qué tal si dejamos las barreras a un lado por una vez? ¿Qué tal si vemos si realmente somos capaces de hacer esto sin más tonterías?"

Las otras chicas se quedaron en silencio, sorprendidas por lo que Sofía acababa de decir. Mariana frunció el ceño, tratando de analizar la propuesta, mientras Valeria levantaba una ceja, desconcertada pero curiosa. Yo, por otro lado, me quedé helado. No podía creer lo que estaba oyendo.

"Sofía, ¿qué estás diciendo?", pregunté, mi voz más baja de lo que esperaba. "Eso no va a solucionar nada. Solo lo complicaría más."

Pero ella no pareció amedrentarse. Su sonrisa se amplió, como si supiera que acababa de lanzar la bomba de la noche. "Solo digo que, si estamos todos tan confundidos y nos hemos estado reprimiendo tanto, ¿por qué no romper las reglas? ¿Por qué no ver qué pasa si dejamos que todo fluya de forma natural, sin más pretextos?"

Las otras se miraron entre sí, y en ese instante, pude ver que algo había cambiado. Las barreras invisibles que todos intentábamos mantener se desmoronaban, y no sabía si era algo bueno o algo terrible.

"Eso es ridículo, Sofía", intervino Mariana, pero su tono ya no era tan seguro. "No podemos... No podemos simplemente actuar impulsivamente. Hay más en juego que solo nosotros aquí."

Pero el brillo en los ojos de Sofía no se apagó. "¿De verdad crees que podemos seguir actuando como si nada hubiera pasado?", dijo con una mezcla de desafío y vulnerabilidad. "¿De verdad crees que, si nos seguimos guardando todo esto, las cosas van a mejorar? Esto es lo que somos. Y tal vez, solo tal vez, necesitamos enfrentarlo de una vez."

Mi corazón latía con fuerza, como si quisiera salir de mi pecho. Las palabras de Sofía resonaban en mi mente, y por un momento, todo lo que había reprimido comenzó a arder. Todo lo que había estado intentando ignorar, todo lo que había estado negando, estaba ahora al alcance de mis manos. Las barreras, las limitaciones, las reglas... todas se desvanecían en el aire, y no sabía si era lo correcto o lo peor que podía hacer.

Fue en ese preciso momento que sentí algo dentro de mí ceder. Mi guardia bajó, y me vi a mí mismo, casi sin querer, mirando a cada una de ellas. El deseo reprimido que había mantenido bajo control durante tanto tiempo empezó a resurgir, y no pude evitarlo. El aire se volvía denso, cargado de algo más que palabras.

La tensión entre nosotros creció, y el espacio que nos separaba parecía desaparecer. Unos pasos hacia ellas, y mi respiración se volvió más rápida. Estaba consciente de cada uno de sus movimientos, de cómo sus cuerpos reaccionaban a lo que había dicho Sofía, cómo cada mirada que se cruzaba entre ellas era como una chispa a punto de incendiar todo.

Sentí la mano de Sofía rozar mi brazo mientras hablaba, su toque ligero pero lleno de intención. Mariana me observaba fijamente, casi como si me estuviera desafiando a actuar, mientras Valeria, con sus ojos brillando de emoción reprimida, parecía estar esperando una señal. Laura, normalmente la más calmada, me miraba con una mezcla de preocupación y curiosidad.

Y en ese instante, me di cuenta de algo aterrador, que tal vez ya no había vuelta atrás. Tal vez la línea entre lo que habíamos estado tratando de evitar y lo que estaba a punto de suceder ya no existía.

Lo supe en ese momento, cuando Sofía se acercó aún más, cuando pude sentir su aliento sobre mi rostro, y la mirada de las otras seguía cada uno de mis movimientos, que esto ya no era solo una conversación. Era algo mucho más grande, mucho más peligroso.

Cada palabra de Sofía, cada gesto suyo, había encendido algo en el ambiente, algo que no podía apagar, aunque lo intentara. Mi cabeza aún trataba de asimilar cómo habíamos llegado a este punto. Todo comenzó con el silencio incómodo de la reunión, pero rápidamente se transformó en una conversación cargada de emociones reprimidas. Ahora, mientras nos dirigíamos a mi casa —¿cómo acepté esa idea?—, sentía que el suelo bajo mis pies se tambaleaba.

"Dani, lo mejor será hablar en un lugar más privado," había dicho Laura momentos antes, con su tono calmado pero firme. Las otras tres asintieron, casi como si ya hubieran llegado a ese acuerdo sin necesidad de palabras. No tuve tiempo de responder, apenas de reaccionar, y cuando me di cuenta, todos estábamos saliendo juntos.

El trayecto fue extraño. Ninguno decía mucho, pero la tensión entre nosotros era no lo sé... Irreal, como una cuerda demasiado tensa a punto de romperse. Intenté distraerme con el sonido del motor del auto, con la ciudad iluminada por la noche, pero lo único que lograba era enfocarme aún más en la forma en que ellas me miraban.

Sofía estaba sentada a mi lado en el asiento del copiloto, sus dedos tamborileando suavemente en la ventana como si intentara calmar su propia inquietud. Detrás, Laura y Valeria compartían el asiento, mientras Mariana, siempre observadora, mantenía una mirada fija en mí desde la esquina.

Cuando llegamos, cada paso hacia la puerta de mi casa se sentía como si cruzara un umbral del que no podría volver. Abrí la puerta y, al entrar, las luces del interior parecieron demasiado brillantes para lo que estábamos a punto de enfrentar.

"Bueno… aquí estamos," murmuré, mi voz apenas un hilo.

Ellas comenzaron a moverse por la sala como si el espacio ya les perteneciera. Valeria se dejó caer en el sofá, cruzando los brazos pero con la mirada fija en mí, como si esperara una respuesta a una pregunta que aún no había formulado. Mariana inspeccionó la mesa como si buscara algo que le ayudara a aclarar sus propios pensamientos. Laura se apoyó contra la pared, observando con atención, y Sofía… Sofía simplemente caminó hacia mí, demasiado cerca, sus ojos fijos en los míos.

"Dani…" comenzó, su voz baja pero cargada de algo que no podía identificar del todo. "Ya no puedes seguir evadiéndonos. Esto no es algo que puedas ignorar."

Sentí un nudo en la garganta, mi cuerpo rígido, mientras las palabras se quedaban atrapadas en mi mente. Quería decir algo, cualquier cosa, pero era como si mi boca se negara a obedecer.

Mariana se acercó también, su mirada igual de intensa. "Llevamos tiempo cargando con esto, y tú también lo sabes. Es hora de que dejes de esconderte."

"¿Esconderme?" respondí al fin, con más nerviosismo que convicción. "¿Qué esperan que diga? ¿Que esto está bien? ¿Que podemos simplemente ignorar todo lo que pasó esa noche y pretender que…?"

"No queremos que lo ignores," interrumpió Valeria desde el sofá, su tono cargado de frustración. "Queremos que lo enfrentes, Dani. Queremos que nos enfrentes."

El peso de sus palabras cayó sobre mí como una montaña. Todo lo que había reprimido, todo lo que había tratado de enterrar desde aquella noche, estaba volviendo a la superficie, arrasando con cualquier muro que hubiera construido.

Laura, siempre la mediadora, dio un paso adelante. "No estamos aquí para hacerte daño, Dani. Lo sabes, ¿verdad? Pero tampoco podemos seguir fingiendo que esto no significa nada. Para nosotras, significa todo."

Mis piernas temblaron, pero me mantuve de pie. Ellas estaban a mi alrededor ahora, cada una acercándose lentamente, cada mirada más intensa que la anterior. Y ahí, en medio de ellas, sentí cómo las barreras que había levantado durante tanto tiempo comenzaban a desmoronarse.

"Esto…" intenté hablar, pero mi voz se quebró. "Esto no debería estar pasando."

"¿Y por qué no?" replicó Sofía, tocando suavemente mi brazo. "¿Porque tienes miedo de lo que sentimos por ti? ¿O porque tienes miedo de lo que tú sientes por nosotras?"

Cada palabra suya era como un golpe directo a mi pecho. Mi corazón latía con fuerza, mis pensamientos eran un caos, y mis emociones estaban al borde de explotar.

No había forma de retroceder. No con ellas tan cerca, no con sus miradas clavadas en mí, esperando, insistiendo. No sabía qué iba a pasar esa noche, pero algo me decía que no saldríamos de esta casa siendo los mismos.

**

La tensión en el aire era insoportable, cada uno de nosotros estaba atrapado en una especie de frenesí silencioso, donde las palabras parecían no ser suficientes para expresar lo que estábamos sintiendo. Mis manos temblaban, mi respiración era irregular y lo único que me importaba, lo único en lo que podía pensar, era en la forma en que todas me miraban.

"¿Qué estás pensando, Dani?", preguntó Sofía, su voz suave, pero con una intención clara que calaba en mi pecho. Estaba cerca, tan cerca que podía sentir su aliento en mi rostro. "¿Te atreves a decirnos lo que sientes?"

No sabía qué decir, no podía. Sabía que las palabras que salieran de mi boca sólo generarían más caos, más confusión. Pero ahí estaban, todas observándome, esperando algo. Apreté los dientes, pero no respondí.

El silencio entre nosotros se hizo insoportable. Mariana, que había estado más callada, dio un paso hacia mí, observándome fijamente, como si intentara leer cada fragmento de mi alma. "No nos hagas esperar, Dani. No puedes seguir evitando lo que sabemos que hay entre nosotros. Ya basta de excusas."

La forma en que decía esas palabras… La pasión detrás de ellas… Me sentí desbordado, incapaz de gestionar todo lo que sucedía. Sentí cómo las barreras que había levantado durante tanto tiempo comenzaban a desmoronarse, una a una.

Mi cabeza daba vueltas, mi cuerpo tenso, y el sonido de sus respiraciones, rápidas, intensas, llenaban el espacio entre nosotros. Todo se reducía a la cercanía de sus cuerpos, a cómo sus gestos hablaban más que sus palabras.

"No puedo…" dije, finalmente, mi voz ronca y quebrada. "No puedo seguir así. No puedo seguir ignorando lo que siento por cada una de ustedes. Pero no sé qué hacer con eso. No sé si debería…"

Sofía me interrumpió, acercándose más, tocando suavemente mi rostro. "¿Por qué no podemos simplemente seguir lo que sentimos? ¿Por qué siempre tienes que complicarlo todo?"

Sus dedos rozaron mi mejilla y, por un segundo, me olvidé de todo. Sentí una necesidad que había estado reprimida tanto tiempo que me hizo perder la razón. No sabía qué estaba pasando, no sabía qué era real, pero solo podía escuchar la respiración acelerada de todas nosotras.

Valeria, que había estado más distante, rompió el silencio de repente. "Esto está pasando, Dani. No podemos seguir dándonos vueltas, sin saber qué estamos haciendo. Tú y yo sabemos que esto no es solo un error. No lo es."

No podía respirar. El caos emocional que había estado evitando, esa tormenta interna que había tratado de calmar con lógica y distancia se estaba desbordando por completo. En ese momento, lo supe. Estaba a punto de ceder, a punto de romper todo lo que había intentado mantener bajo control.

"Daniel…" Susurró Mariana, casi como si me estuviera retando. "¿Vas a seguir corriendo? ¿Vas a seguir ignorando lo que realmente sentimos?"

Mis manos finalmente se movieron hacia ellas. Pero lo que comenzó como un gesto torpe, confuso, se transformó en algo más, algo que ya no pude controlar.

El roce de la piel de Valeria contra la mía, el calor de su cuerpo, hizo que todo lo demás dejara de importar. Pero no era sólo ella, las demás también se acercaron, sus toques se volvieron más intensos, más cercanos. Sus ojos buscaban los míos, llenos de expectación, de emoción contenida.

"Esto no está bien…" murmuré, aunque en el fondo no estaba seguro de qué significaba "bien". Mi cuerpo se encontraba en un conflicto constante con lo que pensaba y lo que sentía.

"¿Y qué hay de lo que sentimos nosotras?", preguntó Sofía, casi burlona, pero también con una chispa de vulnerabilidad en su tono. "¿Tú crees que es justo que sigamos esperando? No puedes ignorarlo más, Dani."

Sentí una presión en mi pecho, mi mente nublada por la intensidad de lo que estaba sucediendo. El caos emocional era más fuerte que cualquier lógica. Y aunque lo quería evitar, mis manos buscaron, sin pensarlo, tocar sus cuerpos, responder a la necesidad que todos compartíamos.

De alguna manera, todo se volvió confuso, las líneas se desdibujaron y, mientras sus cuerpos se acercaban más y más, mi corazón latía más rápido, incapaz de soportar la presión de ese momento. Pero algo dentro de mí seguía resistiéndose. ¿Por qué era tan complicado? ¿Por qué no podía ser simple?

El ruido de nuestras respiraciones, los ligeros besos que sentí en mi cuello, me hacían perder el control. No podía pensar. Estaba demasiado cerca de ellos. Pero sabía que no podía ir más allá. No podía dejar que eso sucediera.

****

*LAURA*

Mis manos estaban sudando. No sabía qué hacer, cómo actuar. Había estado quieta observando, esperando, sintiendo la tensión crecer con cada segundo. Todo lo que había estado evitando estaba ahí, tan palpable, tan cerca, que casi podía tocarlo.

Daniel no sabía cómo enfrentarlo, y yo tampoco. Sentía el nudo en mi estómago, esa angustia que no podía calmar. Las palabras de Sofía, la presión de Mariana, y la confusión de Valeria… todo me estaba sobrepasando.

A veces deseaba poder decir algo, gritar, desahogarme, pero no podía. Todo estaba sucediendo tan rápido, tan intensamente. Mi mente corría a mil por hora, pero no encontraba una forma de explicarlo. No podía. Estaba atrapada, tanto como ellos. No sabía si mi deseo era más fuerte que mi razón o si todo esto estaba simplemente fuera de control.

Y entonces, cuando nuestras miradas se encontraron, entendí algo que no podía evita y todos estábamos atrapados en este torbellino de emociones. Nadie sabía cómo salir de aquí.

"Dani…" murmuré, mi voz casi perdida entre el ruido de nuestros corazones latiendo desbocados. "Yo… yo no sé qué hacer. No sé si esto va a resolver algo, pero…"

No pude terminar la frase. Todo lo que quería decir se quedó atrapado en mi garganta, como si mis palabras no pudieran escapar.

El calor de su cuerpo a mi lado, el roce de sus manos, me hacía sentir más confundida que nunca. ¿Realmente podíamos salir de esta noche con algo resuelto, o simplemente estábamos desmoronando todo aún más?

Pero lo que sabía con certeza era que no podíamos detenernos ahora. Estábamos demasiado cerca de cruzar la línea, demasiado cerca de no poder volver atrás.

***

*VALERIA*

Las palabras dejaron de ser necesarias, y los silencios se volvieron más pesados que cualquier frase que pudiéramos haber dicho. Sentía la presión de cada mirada sobre mí, y más aún, la de Daniel. Su lucha interna estaba escrita en su rostro, y algo en mi pecho se apretó al ver esa duda en sus ojos.

"Esto no va a funcionar…" murmuró, aunque sabía que no se refería a las palabras, sino a todo lo que había estado acumulando en su interior durante tanto tiempo.

Mis manos temblaban, pero no podía apartarlas de él. No quería. No sabía si era el miedo o la desesperación lo que me impulsaba a acercarme más, a rozar su piel, a buscar una respuesta que, en el fondo, sabía que no tenía.

Podía sentir la calidez de su cuerpo, la tensión que emanaba de él, y sin embargo, en ese instante, nada parecía tener sentido. Nadie hablaba, pero todos lo sabíamos. Todos estábamos sintiendo lo mismo. ¿Qué nos detenía? ¿Por qué no podíamos simplemente ceder a lo que nuestros cuerpos pedían?

El ambiente estaba cargado, y a cada paso que daba hacia él, mi corazón latía más fuerte. Sabía que no había marcha atrás, pero mi mente seguía buscando una excusa, una razón para detenerlo.

"No podemos seguir así", pensé, pero mi cuerpo decía lo contrario.

Daniel, con sus ojos cerrados, parecía no querer ver lo que estaba pasando, aunque lo estaba viviendo en carne propia. Me acerqué, lo toqué. Fue un roce ligero, pero en ese momento, sentí que todo lo que había estado evitando durante semanas se desbordaba sin poder hacer nada al respecto. ¿Por qué me sentía tan vacía, tan llena de contradicciones?

El sonido de las respiraciones entrecortadas, los roces, las caricias no dichas… Todo fue más fuerte que cualquier intento de volver atrás. Era como si la noche nos hubiera arrastrado, como si ya no tuviéramos control sobre lo que sucedía.

***

*SOFÍA*

Era como si algo dentro de mí hubiera explotado, como si las paredes que había construido con tanto cuidado se estuvieran derrumbando a cada segundo. Miré a Daniel, vi el conflicto en su mirada, y sentí una necesidad incontrolable de acercarme más, de borrarlo todo.

"Lo siento…" susurró, pero ni siquiera sabía si esas palabras eran para mí, para todos, para sí mismo.

Mis dedos se movieron sin pensarlo, rozando su cuello, bajando por su pecho. La calidez de su piel era todo lo que necesitaba para olvidar el caos que nos rodeaba. Quería detenerme, quería dar un paso atrás, pero mi cuerpo no me lo permitió. Ya no podía.

Sentí cómo las otras estaban a mi alrededor, observándonos. Pero no importaba. Era solo él y yo, y ese silencio entre nosotros era más ensordecedor que cualquier grito.

"¿Sabes qué, Dani?", dije, sin mirar atrás, sin pensar en las consecuencias. "Ya basta de temores, ya basta de no saber qué hacer. Este miedo… este miedo que tienes de lo que podríamos ser…" Me acerqué más, tomándolo por la camisa, y de alguna manera sentí que ya no quedaba espacio para más palabras.

Mis labios casi rozaron los suyos, pero me detuve justo antes. Era como si el momento no permitiera ningún error. Nadie se movió, nadie habló, pero lo sabíamos. Las emociones eran más grandes que cualquier otra cosa. ¿Era esto lo que estábamos buscando? ¿Lo que realmente queríamos?

***

*MARIANA*

Mi corazón latía con fuerza, cada vez más rápido. Miraba a Daniel y podía ver cómo su lucha interna lo estaba desbordando. Yo también lo sentía, pero lo que más me sorprendió fue la forma en que todo lo que había intentado mantener bajo control empezó a desmoronarse.

"Dani… ¿qué estamos haciendo?", pregunté, aunque sabía que la respuesta no era sencilla. La tensión se palpaba en el aire, pero lo que estaba ocurriendo entre nosotros iba más allá de las palabras. Me acerqué lentamente, como si en cada paso mi cuerpo estuviera tomando una decisión por mí, más allá de mi mente.

Me senté cerca de él, casi tocándolo, y pude sentir su respiración, su calor. Era como si el mundo entero hubiera dejado de existir. No había dudas, no había miedos, solo una necesidad que compartíamos sin poder explicarla.

Mi mano se posó sobre su brazo, y aunque intentaba mantener la calma, no pude evitar apretar un poco más fuerte. Mi cabeza estaba llena de pensamientos contradictorios, pero no podía dejar de mirar sus ojos, no podía dejar de sentirme atraída por él de una forma que ya no podía controlar.

"¿Vas a seguir callando?", susurré, aunque no esperaba una respuesta. Lo que me sorprendió fue la forma en que sus ojos brillaron al escuchar mis palabras. ¿Lo entendía? ¿Lo comprendía todo como yo?

La verdad es que ya no sabía qué hacer. Estábamos atrapados, y aunque había algo en mí que me decía que esto no era lo correcto, había otra parte que me decía que no importaba. Que lo que sentíamos era más fuerte que cualquier regla.

La distancia entre nosotros se desvaneció, y aunque no estaba segura de qué iba a pasar, sabía que esta noche nos había cambiado para siempre.

La noche se convirtió en un torbellino de emociones y sensaciones que ninguno de nosotros esperaba. Las palabras fueron sustituidas por gestos, por miradas llenas de significado. Todos nos entendíamos, pero ninguno de nosotros sabía qué hacer con todo lo que es

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